La Odisea literaria de James Joyce y Sylvia Beach

En febrero de 1922, justo en el día de su 40 cumpleaños, James Joyce pudo respirar tranquilo. Ulises, la obra a la que había dedicado siete años de su vida, por fin había sido publicada.

James Joyce y Sylvia Beach

James Joyce y Sylvia Beach se encontraron por primera vez en una reunión organizada por el poeta André Spire en París, el 11 de julio de 1920.
Spire había convocado a un grupo selecto de amigos para presentarles a Joyce y su esposa, Nora Barnacle, recién llegados a la capital francesa tras años de viaje por Europa. Entre los asistentes se encontraban figuras como Ezra Pound, un ferviente admirador de Joyce, Adrianne Monnier, dueña de la librería La Maison des Amis des Libres, y Sylvia Beach, fundadora de la renombrada librería Shakespeare and Company, junto a otros destacados artistas e intelectuales.

Shakespeare and Company

Beach, la americana propietaria de este emblemático punto de encuentro para los escritores de la llamada «generación perdida» (término acuñado por Hemingway), se acercó a Joyce mientras éste examinaba algunos libros en la biblioteca de Spire. «Entonces, usted es el gran James Joyce», comentó al escritor, quien ya había publicado obras como el poemario Música de cámara, los cuentos Dublineses y la novela Retrato del artista adolescente.

«Tuvimos una charla y él mostró gran interés en mi librería; incluso anotó su dirección. Jamás había encontrado a alguien tan fascinante y encantador, y también tan sensible», recordó Sylvia Beach en una entrevista.

Poco tiempo después de este primer encuentro, Joyce visitó Shakespeare and Company y retomó la conversación con Beach. Le contó sobre Ulises, su novela en proceso que le había llevado más de seis años, y los desafíos que enfrentaba para su publicación. «Parece que mi novela nunca se publicará», expresó Joyce con pesar. Fue entonces cuando Beach le hizo una oferta inesperada: «¿Me permitiría a Shakespeare and Company el honor de publicar su obra».
El 1 de febrero, la editora recibió un telegrama de Maurice Darantière en el que le decía que «mañana a las siete de la mañana» el tren exprés de Dijon a París llegaría con dos copias del Ulises. «Mi corazón iba como una locomotora», aseguró Beach en una entrevista al recordar cómo, el día 2 de febrero a primera hora, esperó en el andén a que llegara el tren. A las siete en punto, el revisor bajó de su vagón y le entregó un paquete con los dos primeros ejemplares de la novela Ulises: uno para ella y otro para Joyce, a quien la editora se lo regaló, cumpliendo con su deseo, el día de su cuarenta cumpleaños.

Una Odisea interminable

La relación entre Sylvia Beach y James Joyce comenzó a desgastarse debido a las crecientes demandas del escritor, tanto en términos editoriales como financieros. Joyce insistió en que la cubierta de su novela debía ser de un azul específico, el azul de la bandera griega, un color que remitía al mito homérico. Hasta el final, Beach se vio obligada a ajustarse a los constantes cambios y adiciones del autor, cuya propia odisea literaria parecía interminable.

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